Lee Krasner. Su obra como argumento.

“Mi pintura es muy biográfica, si alguien se toma la molestia de leerla”. Esta frase de Lee Krasner nos puede servir de guía para visitar la exposición que el Museo Guggenheim de Bilbao ha organizado junto con la Barbican Art Gallery de Londres. En esta muestra que reúne cerca de 60 obras se puede ver una parte importante de la obra de Lee.

Lee Krasner es una artista crucial para entender el arte del siglo XX y el movimiento Expresionista Abstracto que se produjo en Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. Una artista vocacional, de gran determinación como así lo demuestra su trayectoria y preparación a pesar de los contratiempos económicos.

La muestra está organizada en ciclos cronológicamente ordenados. Se pone en evidencia la forma de trabajar de Lee y como la investigación y la búsqueda constante de nuevos lenguajes están en la savia de su obra.

Autorretrato de 1928, es una obra significativa de Krasner, ella la incluía en sus exposiciones y le valió la posibilidad de entrar en la National Academy. El Autorretrato, presenta una artista, una pintora sin duda, con una mirada poderosa reafirmándose en su profesión pues se muestra con sus pinceles y su ropa de trabajo. Es su mirada la que asevera su intención.

Sus dibujos de academia, sus primeras obras en el taller del pintor alemán Hans Hofmann en esta ocasión nos dejan ver la calidad de Lee desde su inicio. Las láminas a carboncillo son dibujos de una clara influencia cubista en los que es evidente la fuerza y el trazo poderoso de Krasner. Ya, en estos momentos su obra tiene un toque personal. Como la misma Lee Krasner comenta en diversas ocasiones, en su vida ha habido diferentes acontecimientos disruptivos: cuando encuentra a su profesor Hans Hofman y el encuentro con Jackson Pollock son dos de los mas impactantes. Si con Hofman se adentra en el cubismo y en el estudio profundo de Picasso y Matisse, una vez que encuentra a Pollock y su obra, su percepción del arte cambia de forma radical. A partir de este momento Krasner abandona la figuración para meterse de lleno en la abstracción.

Es en 1945 cuando Lee Krasner se traslada al campo y tras un periodo de bloqueo artístico retoma la creación. En esta periodo-ciclo trabaja una obra en óleo, de pequeño tamaño, con influencias judeoucranianas, quizá en las pocas obras en las que se deja ver la influencia de sus orígenes. Los lienzos están realizados minuciosamente, dotados de gran pastosidad muestran una imagen caleidoscópica, jeroglífica.

Tras estas piezas, realiza una exposición decepcionante para ella en la Galería Betty Parsons, 14 lienzos abstractos, la critica fue positiva pero no vendió nada. Al llegar a casa destruye varias de las obras que colgaban de sus muros y huye del estudio, dejando que pasen varios días sin abrir la puerta. Cuando se reencuentra con su obra hecha pedazos en el suelo se da cuenta de la capacidad plástica de los restos de la bacanal destructiva y decide crear sus primeros collages. La base de estos serán las telas de la exposición en la galería Betty Parsons a la que añade los trozos desgarrados de los dibujos, sobre los que pinta, también añade arpillera, papel fotográfico, descartes de pinturas… dando como resultado unas piezas de gran plasticidad, originales y radicales. Estos collages se presentan en la Galería Stable y obtendrán un gran éxito.

Su situación personal se deteriora. La convivencia con un hombre alcohólico de vida licenciosa desespera a Lee. Este momento vital provoca un cambio en su pintura, un ciclo que empieza antes de la muerte de Pollock y que se continuará tras la misma creando un conjunto muy reducido de lienzos de un dramatismo desgarrador. Profecía es la primera de estas obras a la que siguen Nacimiento, Abrazo y Dos en tres. Obras en las que la huella de Las señoritas de Avignon es inequívoca. Los colores carne y rojo se mezclan con el negro que las enmarca, contrasta y recorta brutalmente. Sexo, violencia, drama… están cerca de la figuración, el negro va tomando mayor protagonismo: carne, sangre, miembros aparentemente dislocados que hace que el espectador sienta la tensión . Su contemplación nos interpela.

Será a partir de este momento cuando la obra de Lee Krasner se transforma de nuevo, el tamaño aumenta de manera ostensible, se traslada a pintar al enorme espacio que anteriormente ocupaba su marido y esta mudanza provoca un cambio fundamental. El ciclo que se ha venido a llamar Viajes Nocturnos, nombre que le dio su amigo el poeta Richard Howard. Hace alusión a una época en la que Lee sufre un profundo insomnio y por ello trabaja de noche. La luz artificial producía un rechazo radical del color en la artista plástica y se concretó en una serie de obras en las que la paleta de Krasner se limita a los colores ocre, tierra y blanco. Su tamaño es enorme, pega al muro el lienzo sin bastidor y dado la pequeña estatura de la pintora requerían un esfuerzo físico colosal. Lee Krasner llamaba pinturas físicas a estas pinturas ya que intervenía la fuerza en el resultado de la obra. La carga expresiva de cada uno de los trazos en los que volcaba toda su energía provocan trazos repetidos pero diferentes. En este periodo se producirá su encontronazo con el galerista Clement Greenberg al anular este último la exposición que tenía concertada con Lee. Al galerista no le convencía el giro que tomaba la obra de la artista neoyorquina y Krasner contestó radicalizando este camino. Obras tan impresionantes como Estampida Polar, Triple diosa o El ojo es el primer círculo hacen de este periodo dramático en lo personal, un momento de creatividad crucial y trascendente.

Estampida Polar. 1960.
Retrato en verde. 1969.

Cuando Lee retoma el color lo hace para dominarlo. Parecería una bacanal del color por los arriesgados compañeros de lienzo que elige pero la verdad es que arriesga con un dominio tal del color que parece que la osadía está mesurada. En este colorido ciclo que se llamará Serie Primaria, no solo cambia en cuanto al uso de colores trazo se vuelve mas ligero y nervioso creando superficies de movimiento constante y vistoso colorido. Obras como Combate de 1965 muestran claramente este espíritu. Los colores rosa y naranja se enfrentan en una danza frenética explosionando en la pupila del espectador. Retrato en verde apuesta por una monocromía con movimiento circular casi de torbellino. La maestría de Krasner estaba más que probada. En el año 1965, En su muestra en la Whitechapel Gallery la crítica y el público vendrían a confirmar este momento mágico.

Combate. 1965.

Siendo fiel a sus palabras “evolución, crecimiento y cambio continúan. El cambio es vida” (palabras dichas por Lee Krasner a Cindy Nemser, historiadora del arte). Su obra sigue cambiando, buscando nuevos caminos y lenguajes con los que expresarse, en el ciclo de los años 70, Palingenesia, crea doce pinturas que expuso en la galería Marlborough de New York. Estas telas diferentes de todo lo que había hecho hasta el momento, seguía utilizando los colores vivo, arriesgados aunque en esta ocasión la obra resultaba mas estática al usar planos de color, Palingenesia es una de estas obras que nos hace pensar en la obra de Matisse.

Palingenesia. 1971.

Once Maneras es el último ciclo de la gran expresionista abstracta Lee Krasner. Como ya había hecho en los años 50, Lee vuelvo sobre su trabajo. En esta ocasión vuelve sobre unos dibujos a carboncillo. Esta vez los ataca con cortes limpios y radicales provocados por el corte de las tijeras provocando angulosidades dramáticas y concisas. Los dibujos que sirven de base a estas obras son de desnudos hechos den grafito. Las formas de los cuerpos redondeados entran en tensión con las aristas provocadas por los cortes, con el contraste con el blanco del fondo y con algunos elementos que tenían color. El resultado fue un éxito rotundo de crítica y un innovador modo de mostrar las obras primeras tamizadas por el ahora. Un volver al origen aportando todo lo que se ha aprendido en el camino de la creación. Once Maneras de utilizar las palabras para ver, que será el titulo de la exposición que tendrá lugar en la Pace Gallery de New York es una obra de madurez con toda la frescura de lo recién creado. Lee Krasner no necesita ningún argumento extra para posicionarse entre los grandes del arte más allá de su propia producción. Quizá me sobra la cantidad de veces que a lo largo del recorrido se menciona a Pollock. Solo su pintura la sitúa en el Olimpo de los grandes creadores.

Imperativo. 1976.

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