Miriam Cahn.Un arte visceral.

En el Museo Reina Sofia podemos ver a Miriam Cahn, artista suiza que nos invita a conocer el conjunto de su prolífica obra, desde los años 70 hasta nuestros días. Esencialmente se trata de trabajos sobre papel con carboncillo o pastel pero también encontramos óleos, esculturas y cuadernos de artista. Tanto como las técnicas, los tamaños y los formatos son variados: desde el pequeño dibujo tipo postal hasta el que a modo de mural ocupa varios metros de pared a modo de enorme grafiti. La manera de presentar esta amplia selección de trabajos está realizada exclusivamente por ella, combinaciones de tamaños y técnicas aunque con el mismo estilo, pequeñas salas en las que los personajes se relacionan entre sí como si se tratara de una instalación, salas en las que se impone la unidad formal o bien una unidad temática. No se aprecia una evolución en su obra a lo largo de los años pues salta de un estilo a otro manteniendo su manera personal de entender el arte.

Si vemos que en sus inicios está centrada en la dicotomía del masculino/femenino con el paso del tiempo este tema, sin abandonarlo queda relegado a un segundo plano. Ella aparece reconocible en sus obras con velo islámico o con pasamontañas terrorista pero su mirada es inconfundible. Su obra es proteiforme con una fuerte coherencia y radicalidad. Se posiciona ante todos los temas que le rodean, no es autobiográfico aunque cada una de las obras pertenezca a su vida, no hay nada de ilustrativo aunque en sus obras se refiera a violencias, guerras y acontecimientos reales, la humanidad individual prisionera de la historia colectiva. Cuando mira al ser humano hacia adentro le ve como un gigante, cuando este ser humano se enfrenta a ciertas situaciones y elementos que le rodean aparece como un ser frágil e insignificante.

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Su inspiración procede de su mirada crítica y humanista sobre los acontecimientos políticos y sociales que le rodean, el miedo a la bomba atómica, las violencias derivadas de las guerras o de acontecimientos represivos, el hombre frente al desarrollo desmedido, las migraciones ; situaciones de desventaja. La violencia pero también el amor, la belleza así como la fragilidad de la naturaleza están dentro de sus intereses. Su posicionamiento va también hacia los métodos plásticos que ella misma utiliza observando cuál ha sido sido su papel, desarrollo y significación a lo largo de la historia llegando a rechazar en algunos momentos su trayectoria técnicas como el óleo por considerarlas muy ligadas a la opresión, aunque acaba retomándolos cuando su salud le impide continuar pintando a carboncillo en el suelo. Podemos ver en cierta forma como su método tiene algo de performático cuando es su propio estado el que va dirigiendo su forma de trabajar.

Curiosidad: en esta exposición Miriam decide empezar por las obras más recientes y terminar por aquellas que son más antiguas. Los primeros lienzos nos asombran por la belleza de su colorido, unos colores fascinantes que muestran personajes que no ocultan ni disimulan su lubricidad, vaginas que dejan pálido a Courbet, cuerpos desnudos que blanden su sexo desafiantes,  ni su brutalidad o el trato vejatorio del que son objeto aquellos que no poseen nada. El color resplandece por encima de todo. Cada una de las salas que siguen a este colorido inicio tienen una unidad temática y en muchas ocasiones técnica, aparecen los diferentes formatos e incluso lo que pudiéramos deducir cómo dibujos preparatorios para los grandes formatos. Su obra es su vida y toda su vida está reflejada en la obra; los acontecimientos que vive desde lo personal a lo que la rodea.

Tras dejar de lado la dualidad hombre/mujer se encuentra en un momento de búsqueda de conexiones entre el hombre y los elementos que frecuentan, la fauna, la flora y crea unos personajes sin género ni especie determinada. Al mismo tiempo deja que sea la pulsión automática la que guíe su mano para dibujar haciendo una especie de dibujo automático que deja la memoria corporal aflore y sea protagonista. Este periodo coincide con el miedo a la guerra nuclear.  En esta misma línea tiene sus Lugares Estratégicos obras que toman un punto de vista aéreo, el mismo que tendría un piloto de un avión de guerra antes de bombardear una ciudad. La pesadilla nuclear está presente en parte de su obra también en óleo, creando vistosas explosiones atómicas con colores alucinantes, plantas y seres híbridos acompañan a esta temida hecatombe.

Miriam Cahn despliega una ironia sutil y al mismo tiempo brutal que deja atónito al visitante al tiempo que muestra una impotencia de acción ante los dramas a los que alude.

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