Anthony Hernandez

A primera vista engancha, la obra de este artista americano de raíces mexicanas. Es un fotógrafo autodidacta, con una intuición excepcional y unas capacidades nada habituales. Su interés está en la ciudad, casi exclusivamente en Los Ángeles, su ciudad natal y sobre todo en su extrarradio, ahí donde la huella del hombre se ve de una manera diferente.

En esta retrospectiva de más de 150 obras podemos disfrutar de una panorámica global de la obra de Anthony. Desde sus comienzos en 1947 hasta nuestros días. Empieza en el blanco y negro, para pasar al color . Comienza con una cámara de 35mm, en el 1978 a una Dearforff de 5×7 pulgadas (12,7 x 17,8) , con esta cámara realiza varias series de fotografías; “Paisajes automovilísticos” “Zonas de transporte público” “Zonas de uso público” “Cotos públicos de pesca”; fotografías epatantes de gran encuadre y un evidente detallismo.

En 1984 hace la serie” Rodeo Drive” sus primeras fotos en color. La calle de comercios más caros de L.A. y sus visitantes. Retrata la vida de la calle y sus gentes. A partir de esta serie no volverá al blanco y negro y eliminará la figura humana. No se volverá a preocupar de la cara más comercial y conocida de la ciudad californiana.

Vemos al hombre a través de los objetos de los que se desprende, que siembran las afueras de las ciudades y a través de los lugares que habitan. Se centra en espacios marginales, en los objetos desechados y reutilizados , en las huellas que las acciones dejan en el paisaje. Así vemos las distintas series; “Campos de tiro” y “Paisajes para los sin techo”. Ambas series centradas en un momento en el que la crisis había hecho estragos entre la gente que se quedaba sin hogar, L.A. era la ciudad más castigada en este aspecto. Sus fotografías a modo de bodegones preparan los espacios que muestran, no hay nada de azaroso en los encuadres, ni la disposición de los elementos. Objetos destartalados, abandonados pero que guardan siempre un punto digno, un brillo, un equilibrio, un entorno poético. Hernandez encuentra la belleza donde el resto solo ve desechos . Los dos dípticos con colillas de cigarrillo son imágenes de una belleza inusitada de la misma manera que lo son los elementos diseminados entre la hierba o los  que el río abandona a su paso . Una manera de retratar la ciudad novedoso e increíblemente respetuoso .

Las ruinas urbanas, otras de sus series ( las hay de L.A., Okland y Roma) series hechas en diferentes momentos de su vida pero que muestran una visión artística especial. Se basan en fotografías que poco o nada tienen que ver con lo que esperamos de estas ciudades, busca el orden a través de lo abstracto y si en otras series había ordenado sus  “bodegones” hasta el último detalle en estas busca perspectivas geométricas, abstractas. Busca la profundidad de la arquitectura y la modulación del espacio. Muestra las construcciones derruidas pero de una belleza brutal, de un orden que parece que precede a la misma arquitectura. Estas series están muy en la linea de la serie “Imágenes filtradas” en las que Hernandez pone su cámara tras los paneles perforados de paradas de autobús o de los bancos. Muestra unas imágenes tamizadas una visión formateada.

Un fotógrafo que capta de forma innata lo esencial de la vida urbana, una intuición especial para la belleza, no la evidente sino la que hace de una objeto descartado el centro de una obra de arte. Narra un momento específico encontrando una manera diferente de hacerlo; un verdadero pionero.

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