Giacometti 1901-1966.

El Museo Guggenheim de Bilbao nos ofrece la posibilidad de ver una exposición de Giacometti, aparentemente, una exposición más de la múltiples que se hacen del escultor por todas partes. En el momento que empezamos la visita, sentimos que no, que hay algo en esta exposición que la hace diferente. Un conjunto de 200 obras nos espera, bien elegidas pero sobretodo bien ordenadas. El trabajo de comisariado es notable. Se trata de una retrospectiva de la obra de Giacometti. Cincuenta años de trayectoria. Hay muchas obras que faltan, hay escayolas que hacen que no echemos en falta el bronce pero sobre todo hay una idea que prevalece y que me ha fascinado, la unidad de la obra de Giacometti.

Giacometti artista suizo que llega a Paris con 21 años en el momento en el que las vanguardias ya están de vuelta y se topa con los “neos” Neodadá, Neocubismo… y el Surrealismo. Para un joven que viene de la montaña suiza no es fácil entender estos movimientos. Giacometti es un superdotado para la copia y en sus obras de juventud se ve este don. El joven suizo sabe que siguiendo ese camino nunca será un artista reconocido e intenta buscar otra vía. Deja la pintura para diferenciarse del padre, pintor Neo-impresionista de renombre en Suiza, disciplina que apartará hasta la muerte de su padre en 1933. Asimila dos corrientes diferentes de manera paralela , el Cubismo de Brancusi y el Surrealismo. La primera le lleva a las puertas de la abstracción aunque nunca lo adopta totalmente, crea maravillas en las que se ve su interés por la figura humana y por la síntesis. La escultura de las Cicladas le impresiona  “Mujer cuchara” 1927 “Cabeza que mira” 1929 “Mujer plana V”1929 Llega a un nivel de síntesis que el cuerpo femenino queda reducido a unas abolladuras. En el lado Surrealista realiza alguna de las obras maestras de este movimiento: “Palacio a las 4 de la madrugada”1932 una producción onírica,”Mujer degollada”1932 donde muestra la influencia de Bataille, sus obsesiones, violencia y angustia con respecto al sexo y a las mujeres.  “Objeto invisible”1934-35 donde lo que se representa es lo que no se ve. “Bola suspendida” 1931 obra surrealista que hace que se le valore como un escultor del movimiento.”Objeto desagradable”1931uno de esos objetos ambiguos de carácter sexual.Objeto invisible, modelo base. 1934-35Palacio a las 4 de la mañana.1932Bola suspendida 1930-31

Después de esta cesura retoma la figuración que nunca había dejado y que ya nunca abandonará.

Es el año 1945, cuando ya ha acabado la II Guerra Mundial cuando aparece su segundo estilo, sus figuras antiheróicas. Miembros estirados hasta lo filiforme, siluetas como columnas erosionadas por el tiempo, rostros con la piel escamosa, estatuas extrañamente incompletas, desproporcionadas, cabezas extremadamente estrechas sobre cuerpos desmesuradamente grandes que tienen apariencia de montones de magma como las montañas de Stampa, su pueblo natal. Los cuerpos parecen ser pesados a pesar de que alguno de ellos son extremadamente delgados. De este periodo es su producción mas conocida:” El hombre que anda” ” Mujeres de Venecia” este último es un conjunto de 8 mujeres en yeso y pintura que llevó a la Bienal de Venecia. Son mujeres inmóviles y deformes que miran al frente, son figuras de una fragilidad extrema. En la Bienal, Giacometti está en el pabellón francés aunque es suizo, lleva las esculturas en yeso solo años más tarde las funde en bronce y es en este proceso que quedaron bastante deterioradas.

Si en la escultura siempre aparecen trazos de dibujo, de pintura a modo de grabado en el dibujo en esta época se produce por superposición, entrecruzamiento, y trazos rotos. En el lienzo la cabeza o el desnudo nacen de la misma manera, el fondo permanece más o menos vacío o es tan oscuro que la forma humana no se diferencia a penas del fondo. Las capas de óleo se superponen de tal manera que adquieren un aspecto casi escultórico. Este Giacometti es el que comprenden y defienden JP Sastre y Jean Genet, existencialismo puro tras la guerra. Ambos escribirán textos de las obras de Giacometti. Breton y su grupo no han admitido su interés por el retrato del natural y el existencialismo no necesitaba del Surrealismo.

La idea de una obra dividida se impone. A lo largo de la exposición un elemento permanece, las cabezas, los bustos, un bosque de bustos de todas las épocas en busca de la representación ideal. Cabezas que empiezan en 1917-18 hasta el año 1965, entre estos extremos se encuentran las cabezas romanas, cabezas claramente cubistas, casi abstractas, con un aire egipcio, vagamente africanas, cabezas con nombre, Simon de Beavoir, Annette, Diego, Lotar, Silvio, Yanaihara, padre, madre, hay tipos, hay símbolos … Dice Giacometti: “Durante mucho tiempo no he hecho otra cosa que cabezas”. Es entonces cuando la labor de las comisarias se impone y vemos una continuidad desde sus primeros bustos de Diego hasta los últimos pasando por cientos de estilísticas pero con una finalidad, captar lo que el artista ve, buscar la representación honesta de lo que ve.

No se trata solamente de esculpir sino de cargar de una presencia a las esculturas. Giacometti capta el presente pero le interesa lo que hay de permanente entre las esculturas mas antiguas, las más arcaicas,  captar lo inmutable, a partir de lo particular captar lo universal, lo trascendente, lo inmemorial a partir de lo contemporáneo . Las cabezas ven, tienen que ver. Algunas se llaman “Cabeza que mira”, “La nariz”1947 parece ser la materialización de la mirada. Una cabeza dentro de una jaula con una nariz enorme y puntiaguda que sale del espacio opresivo. La mirada como la nariz es lo único que puede escapar a la prisión. Son las miradas lo que prevalece en la cabeza. Esas cuencas que nos percanzan. No queda nada de una fisionomía sino son esos óvalos excavados en el rostro, solo sabemos dónde están y hacia dónde miran.

Coincidiendo con la IIGM Giacometti se queda atrapado en Suiza, es en este periodo que comienza a hacer unas esculturas diminutas llegando a los tres centímetros. Empezaba en un tamaño normal y acababan siendo mínimas , solo cuando eran minúsculas se parecían al modelo. Tras la guerra abandona este formato y no volverá nunca a él.

Trabaja con el yeso coloreado como el busto de Anette en camisa roja, y las cabezas de bocas abiertas hacia atrás sobre varas; cabezas que nos recuerdan a unas cabezas de Nueva Guinea. Las fuentes y el significado de las obras de Giacometti son dos cosas que siempre ha ocultado el artista. Pero la relación con las artes primitivas es evidente. También sus experiencias de niño en Stampa son inspiradoras. Las ultimas obras están muy relacionadas con las montañas volcánicas de su infancia y con su primera experiencia de muerte. Un hombre con el que había hecho un pequeño viaje a la montaña muere por sorpresa y el artista, niño en aquel momento, es el único para velarle. Ve la transformación de la cara del cadáver y esta imagen la traslada a una visión artística . “El hombre que camina” 1960 “El hombre que señala” 1947 “Mujeres de Venecia”  1956; son ejemplos claros de este ultimo momento, masas que desaparecen en pos de la altura, movimiento pesado intensidad de la mirada.. También de esta época son los retratos de Caroline, su ultima amante a la que pinta sentada como una divinidad en su trono, con una mirada que nos observa con una franqueza de la que solo los grandes artistas son capaces.

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