Van Der Weyden en el Museo del Prado.

Hubiera ido sin dudar a la expo de Van der Weyden aunque solo fuera a ver “El Descendimiento”. Soy de esas personas que entra en el Museo del Prado solo para ver un cuadro y se va, esa es la manera en la que conocí a Van der Weyden y de la que me quedé prendada de él. Tanta emoción como provoca el cuadro que está en el Prado no es compatible con una visita mas extensa, requiere interiorizarlo, superar la angustia y la tristeza…

Esta es una de las 19 obras que están presentes en esta exposición. Una exposición breve pero intensa y completa, no necesita más aunque se hubiera podido simplificar hasta dejarla en 5 obras; El Descendimiento, el Tríptico de Miraflores, La Crucifixión, Tríptico de los 7 Sacramentos y La Virgen de Durán. Todas las obras presentes dan un relieve y una importancia inopinada a la obra que vertebra la muestra, El Descendimiento. Gracias a su reciente restauración se puede apreciar en toda su excelencia esta obra tardía de Weyden que por su valentía y modernidad es difícil de entender en la época en la que el autor vive.Es extraña por su simplicidad, por sus dimensiones que alcanzan casi el tamaño natural, tres únicos personajes vestidos en blanco; la Virgen, San Juan que en perfecta simetría acompañan a Cristo en la cruz.Los personajes se abalanzan hacia el espectador dejándole a este en el mismo plano que la cruz.Solo un lienzo rojo de fondo, un lienzo dividido en cuadros, una pequeña tarima sobre la que se alza la cruz componen todas las referencias espaciales de la obra.

Antes de llegar a esta, la ultima obra realizada y expuesta, podemos compararla con El Descendimiento y ver la distancia que hay entre ambas. El dolor absolutamente contenido de esta última se hace mas narrativo en el Descendimiento, todos los personajes del Descendimiento colaboran para que el dolor llegue a su nota más alta.Un marco opresor es el que marca la intensidad y el desasosiego que se instala rápidamente en el espíritu del espectador.Simetría absoluta en la composición diagonales.El rojo pasión, rojo dolor que utiliza Weyden y que aporta ese punto más en esta escena y también en La Crucifixión. En la obra del Prado quiero ver un antecedente claro del Guernica de Picasso y sus mujeres dolientes. Picasso las hace chillar al encender la bombilla, las hace sacar la lengua afilada es un dolor casi estruendoso. Weyden en su Descendimiento gira los cuellos casi les disloca y encorva los cuerpos, un dolor tenso pero sordo … Cuando llegamos a la Crucifixión esto cambia, el dolor es un dolor mucho más sereno, casi místico, contenido, la Virgen apenas solloza, San Juan mantiene la mirada sin soltar las lágrimas … Es una obra única, espectacular y que difícilmente podemos ubicar en este momento histórico. Gracias a la organización de la exposición tenemos algunas obras que nos enmarcan y resaltan su singularidad.

Una exposición perfecta que prescinde de lo superficial, del exceso para simplemente mostrar lo que pretende, la moderna genialidad de Weyden reflejada a la perfección en su Crucifixión.

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